Esa noche, cuando empezó el Diluvio Seco, estaba esperando los resultados de mi test: te encerraban en el Cuarto Pringoso durante semanas, por si tenías algo contagioso. Te pasaban la comida por la trampilla con cierre de segundad, y además tenías la neverita con snacks, y el agua se filtraba al entrar y al salir. No te faltaba de nada, pero te aburrías. Podías hacer ejercicio en las máquinas, y yo hacía mucho, porque una artista del trapecio no ha de dejar de entrenarse.

Podías ver la tele o pelis viejas, escuchar música, hablar por teléfono. O visitar las otras habitaciones del Scales mediante los intercomunicadores con videopantalla. A veces, cuando estábamos haciendo trabajo primario guiñábamos el ojo a las cámaras a medio gemido para beneficio de la que estuviera enclaustrada en el Cuarto Pringoso. Sabíamos dónde estaban las cámaras, ocultas en los techos de piel de serpiente o de plumas. En el Scales éramos una gran familia, así que a Mordis le gustaba que simularas que estabas participando aunque estuvieras en el Cuarto Pringoso.

Mordis me hacía sentir segura. Sabía que si tenía un problema grave podía acudir a él. Sólo hubo unas pocas personas así en mi vida. Amanda, casi siempre. Zeb, a veces. Y Toby. No habría pensado en Toby -era muy severa y dura-, pero si te estás ahogando no quieres agarrarte a algo suave y resbaladizo. Necesitas algo más sólido.

Día de la Creación

DÍA DE LA CREACIÓN
AÑO 5

De la Creación y de los nombres de los animales.

Narrado por Adán Uno


Queridos amigos, queridos compañeros animales, queridos compañeros mamíferos:

Hace cinco años, en el Día de la Creación, nuestro Jardín del Edén en el Tejado era un erial, rodeado de barrios degradados y guaridas de maldad; pero ahora ha florecido como la rosa.



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