– Por favor, effendi. Son demasiadas sorpresas. Eso si es que no tiene usted alguna más.

El serasquier consideró la situación.

– No, eso es todo. El caldero simplemente apareció durante la noche.

– ¿Y nadie oyó o vio nada?

– Los mozos de cuadra no oyeron nada. Estaban dormidos en las buhardillas.

– ¿Las puertas están atrancadas?

– Habitualmente, no. Por si se produce un incendio…

– Claro.

Según un antiguo dicho, Estambul sufría tres males: le peste, el fuego y los intérpretes griegos. Había demasiados viejos edificios de madera en la ciudad, y estaban demasiado juntos: hacía falta sólo una fortuita chispa para reducir zonas enteras de la ciudad a cenizas. Los no llorados jenízaros habían sido también los bomberos de la ciudad. Era típico de su moral degenerada el que hubieran combinado sus deberes de apagafuegos con la más provechosa ocupación de pirómanos, exigiendo sobornos para apagar incendios que ellos mismos habían desencadenado. Yashim recordaba vagamente que los jenízaros habían sido destinados a una torre contra incendios situada en un extremo de sus viejos barracones, torre que irónicamente se derrumbó en el incendio de 1826. Posteriormente el sultán había ordenado la construcción de una extraordinaria nueva torre contra incendios en Bayaceto, una columna de piedra de 85 metros de altura, rematada con una galería saliente para los vigilantes del fuego. Muchas personas pensaban que la torre de Bayaceto era el edificio más feo de Estambul: era sin duda el más alto, se levantaba en la tercera colina de la ciudad. Resultaba notable, con todo, que hubiera menos alarmas por el fuego estos días.

– ¿Quién halló el cuerpo, entonces?

– Yo. No, no se sorprenda. Me llamaron a causa del caldero, y porque los mozos de la cuadra estaban preocupados por el estado de los caballos. Fui el primero en echar una mirada a su interior. Soy un militar. He visto a hombres muertos en el pasado. Y… -vaciló- había ya empezado a sospechar lo que podría ver. -Yashim callaba-. No revelé nada. Ordené que sacaran los caballos y atrancaran las puertas. Eso es todo.



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