
A Skade no le costó formular una hipótesis. Los cubos se habían adherido a la parte exterior de la nave de Galiana. Se habían multiplicado y crecido, absorbiendo y reprocesando el tegumento de la nave. A ese respecto sí que se parecía un poco a la plaga. Pero la plaga era microscópica, uno nunca discernía a simple vista los elementos individuales de la espora. Aquello era más brutal y mecánico, casi fascista en su modo de replicación. La plaga, por lo menos, imbuía parte de sus antiguas características en la materia transformada y creaba quiméricos fantasmas biomecánicos.
No, se dijo Skade. Estaba segura de que no se enfrentaba a la plaga de fusión, por muy tranquilizador que eso pudiera resultar ya.
Los cubos se habían introducido en la nave como gusanos y después habían formado unidades atacantes, conglomerados de combate. Esos soldados eran los que habían cometido la matanza, avanzando lentamente a partir de cada punto de infección. A juzgar por los restos, eran criaturas desiguales y asimétricas, más parecidas a densos enjambres de avispas que a entidades individuales. Debían de poder retorcerse a través de las aberturas más pequeñas y volver a formarse al otro lado. Aun así, la batalla había sido larga. Según las estimaciones de Skade, podían haber transcurrido varios días hasta la caída final de la nave. Incluso semanas.
