
Tembló al pensarlo.
Un día después de entrar por primera vez en la nave, sus servidores encontraron algunos cuerpos humanos casi intactos, salvo porque las cabezas habían sido engullidas por yelmos negros formados por los cubos que los rodeaban. La maquinaria alienígena parecía inerte. Los servidores extrajeron trozos de los cascos y descubrieron que los dientes que brotaban de la maquinaria alcanzaban los cráneos de los cadáveres a través de las cuencas oculares, los oídos o la cavidad nasal. Estudios adicionales demostraron que esos dientes se habían ramificado numerosas veces hasta alcanzar una escala microscópica. Se extendían profundamente por el cerebro de los muertos, estableciendo contacto con sus implantes nativos combinados.
Pero las máquinas y sus huéspedes estaban ahora completamente muertos.
Skade trató de deducir lo que había sucedido, aunque los registros de la nave resultaban caóticos. Era obvio que Galiana se había encontrado con algo hostil, pero, ¿por qué los cubos no se habían limitado a destruir la nave de una pasada? La infiltración había sido lenta y dolorosa, y solo tenía sentido si pretendían mantener la nave intacta durante tanto tiempo como les fuera posible.
Tenía que haber otra nave, eran dos las que habían proseguido el viaje. ¿Qué había sido de ella?
[¿Ideas, Skade?].
Sí, pero ninguna que me guste.
[Crees que los cubos querían aprender tanto como pudieran, ¿verdad?].
No se me ocurre otro motivo. Pusieron escuchas en sus mentes para leer su maquinaria neuronal. Estaban recopilando información.
[Sí, estamos de acuerdo. Los cubos deben de haber aprendido mucho sobre nosotros. Hemos de considerarlos una amenaza, aunque no sepamos aún dónde estaba Galiana cuando los encontró. Pero todavía hay un atisbo de esperanza, ¿no crees?].
