
Skade no lograba ver qué atisbo podía ser ese. La humanidad llevaba siglos buscando una inteligencia alienígena digna de tal nombre, pero todo lo que habían encontrado hasta el momento eran pistas alentadoras: los malabaristas de formas, los amortajados, los restos arqueológicos de otras ocho o nueve culturas muertas. Nunca habían hallado otra inteligencia que aún perviviera y que usara máquinas, nada contra lo que pudieran medirse.
Hasta ahora.
Y esa nueva inteligencia que usaba máquinas se dedicaba, o eso parecía, a acechar, infiltrarse, aniquilar y después invadir los cráneos.
En opinión de Skade, no era lo mejor que se podía esperar de un primer encuentro.
¿Esperanza? ¿Hablas en serio?
[Claro, Skade, porque no sabemos si los cubos lograron transmitir ese nuevo conocimiento de regreso a lo que fuera que los envió. Al fin y al cabo, la nave de Galiana ha logrado regresar a casa. Galiana debió de dirigirla hacia aquí, y no hubiera hecho eso si creyera que había algún riesgo de conducir al enemigo hasta nosotros. Clavain estaría orgulloso, creo yo. Galiana aún seguía pensando en nosotros, en el Nido Madre].
Pero corrió el riesgo…
La voz del Consejo Nocturno la interrumpió bruscamente.
[La nave es una advertencia, Skade. Eso es lo que pretendía Galiana y así debemos interpretarlo].
¿Una advertencia?
[De que debemos prepararnos. Aún siguen ahí fuera, y antes o después volveremos a encontrarlos].
Casi sonáis como si desearais que llegaran.
Pero el Consejo Nocturno no respondió.
Transcurrió otra semana antes de que encontraran a Galiana, ya que la nave era grande y se habían producido muchos cambios en su interior que impedían registrarla con rapidez.
