
El misterio estaba descubierto. Compartí la novedad con dos amigos y me ofrecí a demostrarles su veracidad. Para hacerlo, me coloqué detrás del general con mi pipa y en el momento en que él se levantaba el sombrero, con un papel encendido di fuego a la nube alcohólica que surgía de su cabeza. Fuimos testigos entonces de un espectáculo verdaderamente admirable. La columna de vapor alcohólico que brotaba de la cabeza del general se convirtió en una columna de fuego, y los vapores retenidos entre su cabellera formaban una aureola azulada más bella que la que jamás brilló en la cabeza de ningún santo. El general no pudo menos que descubrir mi acción, pero lejos de enojarse nos permitió a mí y a mis amigos repetir el ejercicio tantas veces como quisimos, considerando que le daba un aspecto sumamente majestuoso.
Historias de caza
Paso por alto muchas alegres anécdotas de las que fuimos protagonistas o testigos, porque deseo contarles varias historias de caza aun mucho más maravillosas y entretenidas.
Como es fácil suponer, me encontraba más a gusto que nunca en compañía de gentes capaces de apreciar los placeres de la caza y de disfrutar como es debido de un coto abierto, sin restricciones. En todas mis aventuras me acompañó la buena fortuna, pero la que guió todos mis disparos quedará para siempre como uno de los más hermosos recuerdos de mi vida.
