
Una lágrima temblaba en el rabillo de un ojo. Abeloec estaba ahí de pie, erguido y orgulloso de una forma en que yo nunca lo había visto. Nunca lo había visto sobrio, como parecía estarlo ahora. Claramente había bebido para olvidar, pero aún era inmortal y sidhe, lo que significaba que ninguna droga, ninguna bebida, podría ayudarle realmente a encontrar el olvido. Podría sentirse aturdido, pero nunca realmente sucumbiría bajo los efectos de ninguna droga.
Finalmente asintió con la cabeza, y el movimiento fue suficiente para que la lágrima resbalara por su mejilla. Atrapé la lágrima con el borde de la copa de cuerno. Aquella gota diminuta pareció correr por el interior del cáliz más rápido de lo que la gravedad debería haberla atraído. No sé si los demás podían ver lo que pasaba, pero Abe y yo observamos cómo la lágrima se precipitaba hacia el fondo de aquella copa. La lágrima se deslizó dentro de la curva oscura del fondo, y de repente allí apareció un líquido que se derramaba, burbujeando como un manantial desde la oscura curva interior del cáliz.
Un líquido dorado llenó la copa hasta rebosar, y el olor a miel y bayas y el fuerte olor del alcohol llenaron el cuarto.
Las manos de Abe envolvieron las mías del mismo modo en que yo había sostenido la copa en la visión con el Consorte. La levanté, y cuando los labios de Abeloec tocaron el borde, dije…
– Bebe y sé feliz. Bebe y sé mío.
Vaciló antes de beber, y observé una inteligencia en esos ojos grises que nunca había vislumbrado antes. Habló con sus labios rozando el borde de la copa. Él quería beber. Yo podía sentir el temblor impaciente en sus manos cuando cubrieron las mías.
– Pertenecí a un rey una vez. Cuando ya no servía para ser el bufón de su corte, me expulsó -El temblor en sus manos se calmó, como si cada palabra lo estabilizara-. Pertenecí a una reina una vez. Ella me odió, siempre, y se aseguró a través de sus palabras y hechos de que yo supiera exactamente cuánto me odiaba -Sus manos estaban calientes y firmes contra las mías. Sus ojos eran profundos, gris oscuro, grises como el carbón, con un indicio de negro en algún punto del centro-. Nunca he pertenecido a una princesa, pero te temo. Temo lo que me harás. Lo que me harás hacer a otros. Temo beber de esta bebida y unirme a tu destino.
