
Comencé a decir que no, porque él no había preguntado, y porque la magia se desvanecía. Yo podía pensar otra vez, como si el orgasmo hubiera aclarado mi mente.
Se suponía que debía tener tanto sexo como pudiera, ya que si no conseguía tener un hijo pronto, no sólo nunca sería reina, sino que probablemente estaría muerta. Si mi primo Cel dejaba embarazada a alguien antes de que yo quedase embarazada, entonces él sería rey, y me mataría, y también a todos aquéllos que me eran leales. Todo lo cual era un incentivo para follar como ningún afrodisíaco podría igualar.
Pero había algo pinchándome bajo mi espalda, y notaba toda una serie de pequeños dolores a todo lo largo de mi cuerpo. Ramas muertas y trocitos de planta que se me clavaban hincándose en la piel. No lo había advertido hasta que el orgasmo se desvaneció y las endorfinas desaparecieron a toda velocidad. Casi no hubo ninguna sensación de bienestar, sólo un orgasmo que hizo volar mi mente, y luego esta sensación de desvanecimiento, de ser consciente de cada pequeño malestar. Si Abeloec tenía en mente la posición del misionero, íbamos a necesitar una manta.
No me parecía que todo eso fuera como para perder mi interés tan rápidamente. Si Abeloec era tan talentoso con otras cosas como lo era con su boca, entonces era alguien con quien quería acostarme, simplemente por el puro placer. ¿Entonces por qué me encontré repentinamente con un no en mis labios y deseando levantarme del suelo?
ENTONCES UNA VOZ SURGIÓ DE LA CRECIENTE OSCURIDAD Y mientras las líneas de colores se desvanecían… esa voz nos congeló a todos donde estábamos y envió mi palpitante corazón hasta mi garganta.
– Vaya, vaya, vaya… llamo a mi capitán de la guardia, Mistral, y él no está en ninguna parte donde pueda ser encontrado. Mi sanadora me dice que todos vosotros desaparecisteis del dormitorio. Así que os busqué en la oscuridad, y aquí estáis -Andais, Reina del Aire y la Oscuridad, apareció desde la pared lejana. Su piel pálida era una blancura en la oscuridad creciente, pero había luz a su alrededor, como si el negro pudiera ser una llama e iluminar.
