
La luz nos rozó primero, como esa primera respiración blanca del amanecer que se desliza a través del cielo, tan blanco, tan puro, cuando el amanecer no es nada más que el desvanecimiento de la oscuridad. Cuando Rhys se acercó más a nosotros, la luz blanca pareció expandirse, deslizándose sobre su cuerpo, mostrando que todavía estaba desnudo.
Él tendió su brazo hacia mí. Mostraba la silueta azul claro de un pez que se alargaba empezando justo desde su muñeca hasta casi llegar a su codo. El pez estaba cabeza abajo en dirección a su mano y parecía extrañamente curvado, como un semicírculo en espera de su otra mitad.
Abeloec lo tocó de la misma forma que la reina había hecho, levemente, con sólo las yemas de sus dedos.
– No he visto eso en tu brazo desde que dejé de ser un portero de discoteca.
– Conozco el cuerpo de Rhys -dije. -Eso nunca ha estado ahí antes.
– No en toda tu vida -dijo Abeloec.
Le eché un vistazo para luego mirar a Rhys y luego de nuevo a él, y le dije…
– Es un pez, ¿qué…
– Un salmón, para ser exactos -dijo él.
Cerré la boca para no decir algo estúpido. Traté de hacer lo que mi padre siempre me había enseñado a hacer, pensar. Pensé en voz alta…
– El salmón significa conocimiento. Una de nuestras leyendas dice que puesto que el salmón es la criatura viviente más antigua, posee todo el conocimiento desde que el mundo es mundo. Según esa misma leyenda significa longevidad.
– Leyenda, ¿verdad? -dijo Rhys con una sonrisa.
– Tengo una licenciatura en biología, Rhys; nada de lo que digas me convencerá de que un salmón antecedió a los trilobites, o hasta a los dinosaurios. Un pez moderno es justo eso, moderno dentro de la escala geológica.
