– ¿Y el resto de vosotros?

– Podréis ser capaces de sentirlo, si os concentráis en ello -dijo Rhys a los demás.

Frost convocó un globo de luz que era de un débil gris plateado. Se sostenía sobre su cabeza, al igual que la luz verdosa que Galen tenía. Frost empezó a desabrocharse la camisa. Raramente iba desnudo si lo podía evitar, así que supe antes de que desnudara la curva perfecta de su hombro derecho que allí habría algo.

Él giró su brazo de forma que pudiera verlo.

– Muéstranos -dijo la reina.

Frost le dejó a ella ver primero, luego se volvió hacia nosotros en un semicírculo lento. El dibujo era tenue y azul como había sido el de Rhys, un pequeño árbol muerto, sin hojas, desnudo, y la tierra bajo él parecía esbozar un montículo de nieve. Como el salmón de Rhys, estaba borroso, y parecía no estar dibujado del todo, como si alguien hubiera empezado el trabajo y no hubiera acabado.

– Asesino Frost nunca había tenido un símbolo de favor -dijo la reina y su voz sonó extrañamente infeliz.

– No -dijo Frost-, no lo tuve. No era del todo sidhe cuando el último sidhe sostuvo tales favores. -Se encogió de hombros para acomodar la camisa en su lugar y comenzó a abotonarla. Él no estaba simplemente vestido, estaba armado. La mayor parte de los otros conservaban una espada y una daga, pero sólo Doyle y Frost tenían pistolas. Rhys había dejado la suya con sus ropas en el dormitorio.

Noté un bulto aquí y allá bajo la camisa de Frost, lo que quería decir que llevaba más armas que podrían ser vistas con facilidad. A él le gustaba estar armado, pero tantas armas significaban que algo le había puesto nervioso. Puede que fueran los intentos de asesinato, o tal vez alguna otra cosa. Su atractivo rostro estaba cerrado para mí, escondido tras la arrogancia que él usaba como una máscara. Quizás simplemente escondía sus pensamientos y sus sentimientos de la reina, pero de todas formas… Frost tendía a ser temperamental.



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