
– ¿Y qué esperaré? -preguntó ella.
– A que nosotros traigamos la vida a los jardines muertos, por supuesto -dijo él.
– ¿Y si no traéis la vida a los jardines muertos, entonces qué?
– Entonces cuando estemos todos convencidos de que la princesa y sus hombres no pueden traer de vuelta la vida a los huertos, estarás en libertad de hacer con la gente de Nerys aquello que pretendías.
– ¿Y si devolvéis la vida a los huertos, qué entonces? -preguntó ella.
– Si traemos de vuelta incluso aunque sólo sea un indicio de vida a los huertos, dejarás que la Princesa Meredith escoja el castigo de aquéllos que trataron de asesinarla.
Ella negó con la cabeza.
– Inteligente, Oscuridad, pero no lo bastante inteligente. Si devolvéis un indicio de vida a los huertos, entonces yo permitiré a Meredith castigar a la Casa de Nerys.
Ahora fue el turno de Doyle de negar con la cabeza.
– Si la Princesa Meredith y algunos de sus hombres traen de vuelta incluso un indicio de vida a estos jardines, entonces sólo Meredith decide qué castigo será asignado a la gente de Nerys.
Andais pareció pensarlo durante uno o dos momentos, luego asintió con la cabeza.
– De acuerdo.
– ¿Das tu palabra, la palabra de la reina de la Corte Oscura? -Preguntó Doyle.
Ella asintió con la cabeza.
– Lo hago.
– Atestiguado -dijo Rhys.
Andais agitó la mano despectivamente.
– Bien, bien, tú tienes tu promesa. Pero recuerda, tengo que estar de acuerdo con que allí haya por lo menos un indicio de vida. Y mejor que haya alguna prueba lo suficientemente impresionante que me impida burlar el juramento y escapar de él, Oscuridad, porque tú sabes que lo haré, si puedo.
