El jabalí estaba casi encima de mí. Su aliento humeó creando nubes de vapor. La nieve salía despedida alrededor de sus patas, junto a trocitos de negra tierra congelada que resaltaban sobre todo ese blanco. Me vi inmersa en uno de esos momentos interminables donde pareces tener todo el tiempo del mundo para ver cómo la muerte se te viene encima. El jabalí blanco, la nieve blanca, los colmillos blancos, todo resplandecía bajo la luz de la luna excepto los fragmentos de negra tierra fértil que estropeaban toda esa blancura con cicatrices oscuras. El jabalí soltó otra vez un chillido horrible.

Su espeso pelaje invernal parecía tan suave. Parecería suave mientras me embestía hasta morir y me pisoteaba en la nieve.

Extendí una mano hacia atrás, tratando de tocar la rama de un árbol, o de cualquier cosa que pudiera ayudarme a levantarme de la nieve. Algo rozó mi mano, y lo agarré. Las espinas me cortaron la mano. Las zarzas de espino cubrían las vides que llenaban el espacio entre los árboles. Usé las zarzas para ayudarme a ponerme de pie. Las espinas mordieron mis manos, mis brazos, pero era todo lo que tenía para agarrarme. El jabalí estaba más cerca, podía percibir su olor fuerte y acre en el aire helado. Al menos no moriría yaciendo en la nieve.

Las espinas me hirieron, salpicando mi vestido blanco de sangre, la nieve se cubrió de gotas carmesí. Las vides se movieron bajo mis manos como si fueran algo más vivo que una planta. Sentí el caliente aliento del jabalí a mi espalda, y las espinosas vides se abrieron como si fueran una puerta. El mundo pareció girar, y cuándo pude ver otra vez, pude darme cuenta de dónde estaba: en lugar seguro de nuevo, al otro lado de las zarzas espinosas. El jabalí blanco arremetió fuerte y rápido contra ellas, como si pretendiera atravesarlas. Durante un momento pensé que lo iba a conseguir pero las espinas lo frenaron. Dejó de embestir y comenzó a arrancar los zarcillos con su gran hocico y colmillos. Arrancándolos y pisoteándolos, pero su blanco pelaje comenzó a verse adornado por multitud de diminutos arañazos sangrientos. Iba a acabar abriéndose paso pero las espinas le hacían sangrar.



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