
– Una vez, Tara, podría considerarse una coincidencia, hasta un encuentro de apariencia accidental como el que dispusiste anoche -con un movimiento de cabeza rechazó la airada protesta de la joven-, pero, ¿dos veces? La señora Harmon está en el piso veinte. Este es el veintiuno. Mis aposentos privados.
– Entonces debí de oprimir el botón equivocado -ella se puso de pie-. Un simple error, fácilmente remediable. No tienes por qué molestarte más.
– ¡Quédate donde estás!
– ¿Para qué? ¿Para que sigas insultándome? No, muchas gracias -no se sentó, pero permaneció inmóvil. Sería imposible que hiciera negocios con esa empresa, pero le debía a Beth y a un banquero nervioso el esfuerzo de obtener lo que pudiera del enredo-. Lamento haberte interrumpido, Adam. Vine aquí por invitación de la señora Harmon para hablar con ella de los servicios de mi agencia. Me gustaría hacerlo ahora, si me lo permites.
– No. Hablarás conmigo. Convénceme de que tienes algo que ofrecer que me convenga -su gesto era duro-. No te será tan fácil con la ropa puesta, pero inténtalo.
– ¿Perdón? -cuestionó ella, atónita.
– Eso es lo que querías, ¿o no? Anoche te arrojaste en mis brazos y después me invitaste a pasar a tu apartamento "a tomar café". Lamentablemente para ti, no mordí el anzuelo, así que ahora estás aquí. Siéntate, Tara, haz tu oferta. ¿Quién sabe? Tal vez todavía me interese.
Capítulo 2
¿POR quién me tomas? -explotó Tara. -Tienes diez minutos para tu demostración. El método lo dejo en tus manos -Adam la observaba de pies a cabeza con mirada fría.
Tara se sentó. Ya había abandonado cualquier intento de explicar su presencia allí. El se exasperaría más y la oportunidad se perdería para siempre. Si Adam Blackmore era la cabeza de esa empresa, más valía que hiciera "su venta" como él sugirió sin pérdida de tiempo. De inmediato se lanzó a hacer una presentación de los servicios ofrecidos por su agencia antes que él cambiara de opinión y la expulsara de allí.
