
– ¡Claro que no! -por la mente de Tara pasaba la oportunidad que se presentaba y quizá no fuera tan mala idea. Nadie estaba mejor capacitada que ella para demostrar la calidad de su agencia. Medía a todas las chicas conforme a su propia capacidad. Beth tendría que administrar sola la oficina una semana o dos y ella podría realizar por las noches las labores que le correspondían- Adam aguardaba y ella lo miró a los ojos.
– Muy bien, Adam. Muchas gracias por la oportunidad. ¿Puedo suponer que si lleno tus requisitos le darás a mi empresa la primera oportunidad de llenar tus vacantes temporales en los términos que te he planteado?
– De acuerdo -la sonrisa de Adam era un desafío-. Pero te lo advierto: mis niveles de exigencia son muy elevados.
– También los míos -respondió Tara, levantando el mentón-. ¿Cuándo empiezo y para quién voy a trabajar?
– En este momento, Tara. Y trabajarás para mí.
Tara pensó que debió imaginarlo. Adam la observaba con rostro inexpresivo, en espera de su protesta. Pero ella no le daría esa satisfacción. Había promocionado a sus chicas como lo supremo en servicios de oficina. Ese era el momento de demostrar la eficiencia de su personal.
– De acuerdo. ¿Puedo llamar a mi socia para avisarle?
Adam ocultó de inmediato la molestia que brilló en sus ojos, pero Tara la notó y se llenó de satisfacción.
– Por supuesto. Te llevaré a tu oficina -la condujo a un moderno despacho junto al suyo-. Aquí encontrarás todo lo necesario. Tienes cinco minutos para que hagas tu llamada y te instales; luego ven a verme con una libreta de notas -volvió a examinarla de pies a cabeza y se dispuso a salir, mas desde la puerta se volvió con una sonrisa en los labios-. Te has esforzado mucho en representar tu papel, pero, ¿sabes tomar dictado en taquigrafía?
– ¿Taquigrafía? -repitió ella como si jamás hubiera escuchado la palabra. Se tocó el broche que llevaba prendido al cuello-. Supongo que podré arreglármelas.
