
– Me temo que tendrá que ser mejor que eso, o no pasarás la primera prueba -señaló él con satisfacción.
Tara llamó a Beth para explicarle la situación y acordó versecon ella esa noche para ultimar detalles. Después buscó una libreta de taquigrafía, varios lápices y después de llamar a la puerta, entró en la oficina de Adam.
– ¿Lista? -sin esperar respuesta, él empezó a darle indicaciones, apenas permitiéndole sentarse-. Quiero que esto se mecanografíe de nuevo -Tara reconoció el documento que él leía la noche anterior-. Espero que esta vez quede sin errores -agregó él.
– Haré mi mejor esfuerzo, Adam -le aseguró Tara con un tono humilde que le valió una mirada dura de él antes que tomara una pila de cartas.
– Dile a esta gente que no. No. Pide más detalles -y así siguió hasta que terminó. Entonces se reclinó en su silla y enlazó las manos atrás de su cabeza-. Ahora, tengo un informe que necesito mecanografiado tan pronto como te sea posible. ¿Podrás terminarlo hoy mismo? -preguntó con tono burlón.
– Tal vez -respondió ella, ganándose otra mirada reprobatoria.
Adam empezó a dictarle a una velocidad increíble, sin pausas y sin indicarle signos de puntuación. Parecía hablar sin siquiera detenerse a respirar sólo por hacerla pedir clemencia. Los dedos de Tara volaban sobre hoja tras hoja hasta que él terminó.
– ¿Eso es todo? -preguntó Tara, en espera de la siguiente andanada.
– Por el momento. Quiero un borrador de eso antes que hagas lo demás. Eso te mantendrá ocupada el resto de la mañana.
– Ya son las doce y media y según la agenda de tu secretaria, tienes una cita a la una, con Jane.
– Así es -asintió él y Tara se levantó para retirarse-. Oh, algo más, Tara -le indicó él-. No quiero a ninguno de tus admiradores, desesperados o no, en mi oficina. ¿Te asegurarás de que se enteren?
