– Sí. Quiero que estés lista para las seis y media. Tengo una cita con los fabricantes para los que se preparó el informe y quiero que estés presente para tomar notas.

– Ya veo -hasta allí todo iba bien-. ¿Se celebrará la reunión en la sala de juntas o aquí arriba?

– No, la cita es en Hammersmith. Pasaré por ti a tu casa -se detuvo ante la puerta que separaba sus oficinas-. No es un inconveniente para ti, ¿verdad, Tara?

– ¿Y si lo fuera?

– Mala suerte -Adam esbozó una sonrisa insolente y no esperó la respuesta de Tara, lo que quizá era mejor. Ella llamó a Beth para cancelar su cita, guardo las cartas en sus sobres, pegó las estampillas y se puso el abrigo. Entonces salió y se dirigió al ascensor.

– ¿Todavía estás aquí?

La joven se volvió para descubrir a Adam con una bata de baño corta y el cabello húmedo por la ducha. Una puerta frente a su oficina estaba entreabierta, revelando el interior. De pronto ella comprendió por qué él se había referido a sus "aposentos privados".

– ¿Vives aquí? -preguntó, a pesar de saber la respuesta. "Con razón Adam pensó que lo perseguía", reflexionó.

– Muy bien, Tara -comentó él con la parodia de una sonrisa-. ¿Alguna vez consideraste la posibilidad de actuar en un escenario? Te enseñaré todo algún día cuando tengamos tiempo. Quizá hasta podríamos tomar ese "café" que tanto te interesaba. Ahora sabemos exactamente cuál es nuestra posición -se reclinó contra el muro-. Te dije hace media hora que te fueras. ¿Por qué estás todavía aquí? -nada ocultaba el tono acerado de su voz bajo la aparente suavidad.

– Tuve necesidad de hacer cambios en mis planes para esta noche -manifestó ella con dificultad.

– Estoy seguro de que él podrá esperar. Eres digna de espera, ¿no es así, Tara?

– Nunca losabrás.

– Usa el ascensor privado. Te llevará a la entrada lateral eh el vestíbulo principal -abrió la puerta y le ofreció la llave-.



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