Al dejar la taza de chocolate en la mesa, se dirigió al fin al aparato. Tal vez no era nada importante y podría esperar hasta la mañana, pero oprimió el botón de cualquier forma.

De repente, alguien llamó a su puerta con firmeza.

– Maldito hombre -protestó entre dientes al ir a abrir-. Adam, esto no es gracioso,… -se detuvo-. Jim.

– Tengo que hablar contigo -comentó él y entró en el apartamento antes que ella pudiera impedírselo.

La reproducción de la máquina contestadora empezó y se escuchó la voz de Beth

– Tara, Jim Matthews estuvo de nuevo en la oficina. El maldito me ofreció dinero para que le dijera dónde vives -se rió un poco-. Si no fuera tan miserable, tal vez habría aceptado. Olvidé mencionarlo cuando llamaste, pero considero que debes saber que no se ha dado por vencido -la máquina se apagó y empezó a rebobinar la cinta.

– ¿Tienes idea de qué hora es? -inquirió Tara, volviéndose hacia el hombre.

– Llevo toda la noche esperándote.

– ¿En dónde? No estabas frente a mi puerta cuando llegué -lo cual quizá era mejor. Adam no estaría complacido de tener que despacharlo dos días seguidos.

– Caminando de aquí para allá. He tenido tiempo de pensar en el tema para un libro. ¿Sabes lo inquietantes que son los ojos de los gatos cuando te miran en los callejones? Si fueran reales… ¿Tienes una libreta? Tengo que hacer algunas notas…

– ¡No! -Tara se estremeció-. Y no quiero saber nada de los horribles ojos de tus gatos. Ya es tiempo de que te des por vencido, Jim, y aceptes que no voy a regresar. Tendrás que encontrar a alguien más. No soy la única… -se detuvo cuando otra idea surgió en su mente-: ¿Cómo averiguaste dónde vivo? Estoy segura de que Beth no aceptó tu dinero, por mucho que le hayas ofrecido.

– Fue muy grosera, Tara. Me asombró oír un lenguaje como el suyo en una mujer -Jim fue a sentarse en el sofá.

– ¿Y bien? -le exigió ella.

– Siempre hay manera de averiguar las cosas. Solo tienes que usar el intelecto -encogió los hombros-. Sabes que escribí novelas de detectives durante un tiempo. Bueno, pues me dije que esto era el argumento de una novela. ¿Cómo averiguaría el detective dónde vive la heroína? ¿Es eso chocolate? -se levantó, fue hacia la mesa y bebió de la taza a pesar de las protestas de la joven-. ¡Maravilloso! Estoy congelado.



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