Poseía rasgos exóticos que instantáneamente evocaron imágenes de…

¡No! Jilly se revolvió en el asiento y se obligó a controlar tanta tontería. La manera en la que Rory Kincaid despertaba su imaginación no solo era inquietante sino inoportuna. Las hormonas alborotadas no tenían nada que hacer con sus planes.

De todas maneras… Suspiró. Por algún motivo inexplicable, desde el instante en el que había visto a Rory y cada vez que pensaba en él, en su mente se desplegaba un sueño, un sueño de lo más peculiar en el que…

Sonó un pitido. Jilly pegó un brinco y desbloqueó el móvil. Miró a su alrededor, algo desconcertada ante ese giro totalmente novedoso y casi delirante de su mente.

Tal vez debería comer más verduras o beber únicamente café descafeinado. Estaba convencida de que padecía alguna deficiencia, ya que fantaseaba sobre un hombre cuando tenía cosas mucho más importantes que hacer, entre ellas deshacer varios entuertos.

Se movió por la agenda con el pulgar y pulsó un número. Respondió una voz conocida y aflautada a causa de los nervios. Jilly se olvidó de su inquietante reacción ante Rory Kincaid y sonrió tanto que le dolieron las mejillas.

– ¡Lo he conseguido! -exclamó pletórica de alegría-. ¡Y, por si fuera poco, lo he visto!

Capítulo 2

Rebosante de entusiasmo, Jilly pisó el acelerador por FreeWest, el pequeño y original barrio en el que vivía y trabajaba. El nombre era una combinación de Freewood Drive y Westhill Avenue, las dos calles transversales más importantes del sector de ocho manzanas; era una zona de moda, elegante y, si las atiborradas aceras servían de indicador, estaba consiguiendo imponerse.



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