– Iba a decir el teletubbie lila, pero no recordaba el nombre.

– Tinky Winky, y también está anticuado. -Se cruzó de brazos y suspiró-. Bueno, ahora que estamos todos en este despacho con una decoración tan hetero, ¿podemos dejar marchar a nuestros clientes y acabar de una vez?

Le miré a los ojos.

– Lo hicieron ellos, Flair.

No me lo negó.

– ¿De verdad vas a subir al estrado a esa prostituta stripper trastornada?

Iba a defenderla pero él ya conocía los hechos.

– Sí.

Flair intentó no sonreír.

– La destrozaré -dijo.

No dije nada.

La destrozaría, y yo lo sabía. Y eso era lo que tenía su forma de actuar. Podía seccionar y desmenuzar, y aun así seguía cayéndote bien. Yo le había visto hacerlo. Se podía pensar que algunos miembros del jurado serían homófobos, y que le odiarían o le temerían.

Pero con Flair no funcionaba así. Las mujeres del jurado querían ir de compras con él y hablarle de los defectos de sus maridos. Los hombres no le consideraban un peligro y creían que no podía hacerles ningún daño.

Eso lo convertía en un defensor letal.

– ¿Qué estás buscando? -pregunté.

Flair sonrió.

– Estás nervioso, ¿verdad?

– Sólo quiero ahorrarle tu acoso a una víctima de violación.

– Moi? -Se llevó una mano al pecho-. Me siento insultado.

Me limité a mirarlo. Mientras lo hacía se abrió la puerta y entró Loren Muse, mi investigadora jefe. Muse tenía la misma edad que yo, treinta y tantos, y había sido investigadora de homicidios con mi predecesor, Ed Steinberg.

Muse se sentó sin decir palabra, ni siquiera hizo un gesto.

Me volví a mirar a Flair.

– ¿Qué quieres? -volví a preguntar.

– Para empezar -respondió Flair-, quiero que la señora Chamique Johnson se disculpe por destruir la reputación de dos chicos estupendos.



27 из 324