
Sila, que siendo dictador había liberado a César de aquel horrendo sacerdocio que Cayo Mario le había infligido a los trece años, sacerdocio que le prohibía llevar armas de guerra o presenciar la muerte. Sila lo había liberado por despecho al difunto Mario y luego lo había enviado al este, a los diecinueve años, a lomos de una mula, para servir con Lúculo en Mitilene. Allí César no se había granjeado las simpatías de Lúculo. En la batalla, Lúculo puso a César ante las flechas, pero César salió indemne y con la corona cívica, la corona de hojas de roble otorgada al más destacado acto de valor, tan rara vez obtenida que su ganador estaba autorizado a llevarla siempre en todos los acontecimientos públicos y recibir el aplauso de todo el mundo. ¡Cuánto le había molestado a Lúculo tener que ponerse en pie y aplaudir a César cada vez que se reunía el Senado! La corona de hojas de roble también le había dado acceso al Senado, pese a que sólo contaba veinte años de edad; otros hombres tenían que esperar hasta pasados los treinta. Sin embargo ya había sido senador; el sacerdote especial de Júpiter, óptimo Máximo, se convertía en senador de manera automática, y César lo había sido hasta que Sila lo liberó de este deber. Lo cual significaba que César había sido senador durante treinta y ocho de sus cincuenta y dos años de vida.
La ambición de César había sido alcanzar todos los cargos políticos a la edad correcta para un patricio y con los máximos votos, sin sobornos. En todo caso no podría haber recurrido al soborno, porque los boni se le habrían echado encima al instante. Había visto realizada su ambición, como correspondía a un juliano descendiente directo de la diosa Venus por Via de su hijo, Eneas, y no digamos ya a un juliano descendiente directo del dios Marte por Via de su hijo Rómulo, el fundador de Roma. Marte: Ares; Venus: Afrodita.
Aunque habían pasado ya seis nundinae, César se veía aún en Éfeso contemplando su propia estatua erigida en el ágora, así como la inscripción: CAYO JULIO CÉSAR, HIJO DE CAYO, PONTÍFICE MÁXIMO, EMPERADOR, CÓNSUL POR SEGUNDA VEZ, DESCENDIENTE DE ARES Y AFRODITA, DIOS MANIFIESTO Y SALVADOR DEL GÉNERO HUMANO.
