– No hay ninguna necesidad de que muera nadie, señorita Blake -dijo Gaynor.

– Desde luego que no. -El nudo que se me había formado en la garganta se deshizo, y empecé a apartar la mano del arma imaginaria. Tommy hizo lo propio con la de verdad. Bien por los dos.

Gaynor volvió a sonreír, como si fuese un Papá Noel bonachón y lampiño.

– No hace falta decir que no les serviría de nada informar a la policía.

– No tenemos pruebas -dije asintiendo-. Y ni siquiera nos ha dicho a quién quiere levantar de entre los muertos, ni por qué.

– Sería su palabra contra la mía -añadió.

– Y estoy segura de que tiene amigos influyentes -dije con una sonrisa.

– Puede estarlo. -Su sonrisa se acentuó, y se le marcaron unos hoyuelos en las mejillas regordetas.

Les volví la espalda a Tommy y a su pistola. Bert me siguió, y salimos al sol bochornoso del verano. Bert parecía aturdido, y en aquel momento casi me caía bien: me alegraba saber que hasta él tenía límites, que había algo que no estaba dispuesto a hacer ni por un millón de dólares.

– ¿En serio serían capaces de matarnos? -Su voz mostraba más firmeza que sus ojos, ligeramente acuosos. Qué valiente. Abrió el maletero sin necesidad de que se lo pidiera.

– ¿Con el nombre de Harold Gaynor en la agenda y el ordenador? -Cogí la pistolera y me la puse-. ¿Sin saber si le habíamos mencionado la visita a alguien? -Negué con la cabeza-. Demasiado arriesgado.

– Entonces, ¿por qué les has hecho creer que ibas armada? -Me miró a los ojos mientras hacía la pregunta, y por primera vez detecté incertidumbre en su mirada. El super-tacañón necesitaba unas palabras de consuelo, pero ya no me quedaban.

– Fácil, Bert: podía equivocarme.

DOS

La tienda de vestidos de novia estaba en Saint Peters, justo después de la salida de la 70 Oeste. Se llamaba El Viaje de la Doncella. Qué mono. Quedaba entre una pizzería y un salón de belleza llamado Oscuridad Total, un local de ventanas cegadas y perfiladas con neones de color rojo sangre, para gente a la que le apeteciera ir peinada y con las uñas arregladas por un vampiro.



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