
– Pero no me equivoco al suponer que no ha sido nada humano, ¿verdad? -dijo el inspector.
Había dos agentes de uniforme que contenían a la multitud arremolinada en el jardín y la calle. Niños, padres, adolescentes en bici… Joder, menudo circo.
– No te equivocas. Fuera lo que fuera, no sangró al atravesar el cristal.
– Ya me he fijado. ¿Qué significa eso?
– Hay pocos nomuertos que sangren.
– ¿Cuáles sangran?
– Los zombis recientes, un poco. Los vampiros son los únicos que pueden sangrar casi tanto como una persona.
– Entonces, ¿no crees que fuera un vampiro?
– No. Además, comió carne humana, y los vampiros no pueden digerir nada sólido.
– ¿Podría haber sido un algul?
– No hay cementerios suficientemente cerca, y la casa no ha quedado tan mal. Los algules habrían destrozado los muebles, como animales salvajes.
– ¿Un zombi?
Sacudí la cabeza.
– No sé qué decir. Los zombis devoradores de carne no son nada frecuentes, pero haberlos, haylos.
– Tres casos documentados, ¿no? En todos ellos, los zombis conservan más tiempo las características humanas y no se pudren.
– Buena memoria -dije con una sonrisa-. Y sí, eso es: los zombis que comen carne no se pudren, o se pudren más despacio.
– ¿Son violentos?
– No que se haya visto.
– ¿Y los zombis, en general? -preguntó.
– Sólo si se lo ordenan.
– ¿Qué significa eso?
– Alguien que tenga suficiente poder es capaz de pedirle a un zombi que mate.
– ¿Y usarlo de arma?
– Algo así -confirmé.
– ¿Quién podría haberlo hecho?
– Bueno, no estoy muy segura de que haya sido eso.
– Ya, pero ¿se te ocurre alguien?
– Buf. Hasta yo podría, pero yo no he sido. Y nadie que conozca sería capaz de hacer nada así.
– Eso lo decidiremos nosotros -dijo sacando la libreta.
– ¿De verdad quieres que te dé nombres de amigos míos para que les preguntes si les ha dado por levantar un zombi y mandarlo a matar a esta familia?
