Tenía que preguntarle a la sacerdotisa vodun más poderosa de los Estados Unidos, y puede que de toda América del Norte, si había levantado un zombi y si daba la casualidad de que ese zombi se dedicaba a cargarse gente por orden suya. Mierda, qué locura. Me esperaba otro día movidito.

CUATRO

Sonó el despertador, y me puse a soltar manotazos a los botones; más tarde o más temprano daría con el de apagado. Pero al final tuve que apoyarme en un codo y hasta abrir los ojos para desconectar la cosa, y me quedé mirando los números luminosos: las seis de la mañana. Joder. Había llegado a casa a las tres.

¿Por qué lo había puesto a las seis? No tenía ni idea; después de tres horas de sueño no suelo andar muy lúcida. Volví a tumbarme entre las sábanas calentitas, y estaba a punto de cerrar los ojos cuando me acordé de Dominga Salvador.

Habíamos quedado a las siete; eso es madrugar y lo demás son tonterías. Me libré como pude de las sábanas y me quedé un momento sentada en la cama. Salvo por el zumbido del aire acondicionado, reinaba un silencio sepulcral.

Me levanté, pensando en ositos de peluche recubiertos de sangre.

Al cabo de un cuarto de hora ya estaba vestida. Siempre me duchaba al volver del trabajo, por tarde que fuera; no soportaba la idea de meterme entre las sábanas limpias pringada de sangre de pollo reseca. A veces es de cabra, pero suele ser de pollo.

Elegir el atuendo había tenido lo suyo: no quería parecer irrespetuosa ni achicharrarme. Claro que no habría sido tan difícil si no tuviera intención de llevar pistola. Llamadme paranoica, pero no estaba dispuesta a salir de casa sin ella.

Los vaqueros desteñidos, los calcetines y las zapatillas deportivas fueron la parte fácil. Después me puse una pistolera de cintura con una Firestar de 9 mm, la sustituía de la Browning Hi-Power, que abulta demasiado para llevarla debajo del pantalón.

Sólo faltaba una camisa que tapara la pistola sin dejarla inaccesible, pero eso es más difícil de lo que parece. Al final me puse una camiseta que llegaba poco más allá de la cintura y di unas vueltas delante del espejo.



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