– Gracias por la historia, Velie -dijo sonriendo-. ¡Ha nacido el capítulo primero!

Cerró la puerta suavemente.

Cuando el inspector Queen abrió la puerta unos minutos más tarde, Ellery estaba sentado en la recepción vacía solo. Con el sombrero echado hacia atrás, los talones apoyados en el borde del asiento, de modo que sus rodillas quedaban al nivel de la barbilla, había cerrado sus brazos alrededor de las piernas mientras leía un periódico apoyado en ellas. Parecía estar profundamente absorto en la sección de deportes y no miró hacia arriba cuando su padre y la señora Braun cruzaron la habitación.

El inspector abrió la puerta de entrada a la señora, dijo adiós y, dándose la vuelta, vio a Ellery. Sus ojos se iluminaron.

– ¡Hola, hijo! ¿Qué haces en comisaría? ¿Puedo hacer algo por ti?

El inspector Queen era un hombre pequeño con movimientos que recordaban los de los pájaros. En una ocasión Velie le había dicho a Ellery respecto a él: «Tu padre es una vieja y pequeña negreta, pero ¡vaya negreta que está hecho! ¡Puede con todo, caray, y lo resuelve todo!».

La adoración que el sargento sentía por su superior era legendaria en la calle Centre. No podía haberse encontrado mejor escudo para el frágil y dinámico hombrecillo de bigote moteado de gris que el obediente coloso.

– ¿Qué hay, papá? -Ellery bostezó, se levantó y tiró el periódico sobre la silla-. Hay algo que quería que hicieses por mí, pero ya lo has hecho -echó una mirada a su reloj de pulsera-. ¡Llego tarde! Perdona, por favor -se encontraba en el vestíbulo antes de que su padre hubiese podido abrir la boca.

El inspector se rascó enérgicamente la nuca y se volvió hacia el sargento Velie.

– Es un chico listo -dijo, riendo, entre dientes-. ¡Intentando engañar al viejo! Bien, me pregunto por qué sigue a la señora Braun.

Fuera, en el vestíbulo, Ellery vio que la señora Braun se metía en el ascensor. El aparato descendió rápidamente. Echó a correr hacia las escaleras. Cuando salió corriendo del edificio a la calle Centre un chófer uniformado ayudaba a la señora Braun a entrar en una limusina Packard. El chófer ya había cerrado la puerta cuando Ellery llegó al coche. Se quitó el sombrero y metió la cabeza por la ventanilla.



12 из 110