– Excelente. Podría dirigir una de las clases de ejercicios de rehabilitación ahora mismito. Jim me está mimando, es un cielo.

– No estás ya ni un poquitín pálida -dijo Nikki-. Tus mejillas son un par de primaveras. Pero Jim tiene razón. Tómatelo con calma durante un cierto tiempo, querida. Te lo enviaré cuando venga. Ve a acostarte.

Mientras Barbara cerraba la puerta del dormitorio, Nikki colocó una nueva hoja de papel en la máquina de escribir. Durante mucho tiempo se quedó contemplando las teclas con furiosa intensidad. A juzgar por las contorsiones faciales que realizaba ocasionalmente, su concentración le estaba causando un tormento mental considerable. Por fin su frente se aclaró. Se sentó erguida y mecanografió alegremente en mayúsculas a lo largo de la parte superior de la hoja:


el misterio de la alfombra persa

Por

nikki porter


Al golpear su dedo la última R de Porter se escuchó un golpe en la puerta. Atravesó la habitación y, abriendo la puerta una rendija, miró hacia fuera.

– ¡Oh, Jim! Entra. Barbara ha estado mirando por la ventana a ver si venías -abrió la puerta del todo.

– ¿Qué tal estás, Nikki, querida, y cómo está mi Barbara? -preguntó el doctor Rogers entrando.

Nikki cerró la puerta.

– Fresca como las malvas. Está ahí dentro, esperándote -Nikki apuntó con un dedo hacia la puerta del dormitorio.

Nikki volvió a la máquina de escribir. Estaba mirando fijamente la hoja todavía en blanco a no ser por el título, cuando, después de un intervalo de tiempo sorprendentemente corto, Jim volvió a la habitación, cerrando cuidadosamente la puerta tras él.

– Nikki -dijo en un tono de voz apresurado y bajo-. Yo no se lo podía decir hoy. Quiero esperar un día o así hasta que ella esté un poco más fuerte. Después de todo, realmente no hay necesidad de correr. Te das cuenta, Nikki, hemos descubierto que el señor Braun tiene cáncer. No le quedan muchas semanas de vida.



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