
Y ahora, en el apartamento, su mirada recorría apreciativamente a Nikki. Cabello marrón ondulado. Ojos castaño oscuro. Pestañas oscuras. Pies pequeños. Bonita. Color encendido natural. Talla 14. El doctor Rogers no tenía consulta, luego no había estado efectuando una visita profesional. Además, Pinky había dicho que se había comportado de modo furtivo.
– ¡Un detective privado! -dijo ella con voz entrecortada.
– En cierto modo -explicó él con dulzura-. Señorita, su madre me encargó que la encontrase y la llevase a casa.
El cerebro de Nikki estaba dando vueltas. ¡Así que él pensaba que ella era Barbara! ¡Luego sabían dónde se escondía Barbara!
– ¿Cómo encontró a Bar… a mí? -preguntó. «¡Maldita sea, por poco meto a pata!».
– Menos conversación y más acción, señorita Braun. ¿Le importa empezar a moverse?
– ¿Qué prisa tiene? -tenía que salvar a Barbara pasase lo que pasase. ¿Cómo podría librarse de ese hombre?
– Tenemos que irnos antes de que llegue la policía.
