– Claro. ¿No viste cuando ponen y sacan las cosas para el Día de la Primavera, ahí mismo, en la avenida Santa Fe?

– No.

– Bueno, es igual… Para los corsos de carnaval en la Avenida de Mayo, entonces: laburan de noche o bien de madrugada para no joder el tránsito durante el día.

– ¿Y por qué vamos a ir por la avenida Santa Fe?

– Porque ahí ponen las banderitas, gil… El polaco va a pasar por ahí y ése es un barrio bacán.

– ¿Qué polaco?

El gordo saltó, tambaleó la mesa:

– ¡El Papa, pelotudo! ¿De qué estamos hablando?

– No te calentés.

– Es para calentarse: vos, pibe, vivís en un frasco. Viene el Papa…

– Ya sé.

– El martes.

– Sí.

– Y en el recorrido que va a hacer con el papamóvil desde el aeropuerto de Ezeiza, lo llevan por lugares buenos, de guita. No lo van a pasear por tu barrio o por Villa Soldati.

Hasta Loayza asintió.

– Lo llevan por la zona más bacana: Santa Fe, desde avenida Juan B. Justo hasta el final -completó el gordo.

– Y lo llenan de banderas.

– Claro. Como para el 25 de Mayo o el 9 de Julio o el Día de la Bandera. Para todas las fiestas patrias o cuando viene un visitante ilustre ponen las banderitas un par de días antes y las sacan al día siguiente. Ahora con el Papa se rompen el culo y ponen el doble de banderitas. Anoche las pusieron, está todo lleno. Como si viniera un presidente de afuera: está la nuestra y la del otro país también.

– Pero el Papa no es presidente de nada. Es rey o algo así.

– Es Papa. Y vive en Roma, en el Vaticano.

– Como Batman, que tiene la Baticueva en Ciudad Gótica.

El gordo optó por sonreír:

– Algo así.

– Lo que yo digo -se agrandó el otro-. Pero si no es un reino ¿qué es?

– No sé qué carajo es, pero tiene bandera, y eso es lo que nos interesa.

– ¿Las banderas del Vaticano? ¿No eran las argentinas?



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