Susie, que llevaba puestos los cascos, y no había oído nada, lanzó un grito, se incorporó a toda prisa y dio un paso atrás.

El extraño la estaba mirando con expresión burlona.

Y era un extraño que parecía recién salido de un yate de lujo o algo parecido. Llevaba unos pantalones de color claro, un polo blanco y una chaqueta de ante colgada al hombro.

Y unos zapatos de ante color crema.

Zapatos de ante color crema. Allí.

Era un hombre alto, atlético, con el pelo negro, bonita piel, una sonrisa preciosa…

Había un coche negro aparcado en el patio, se fijó entonces. Estaba tan concentrada en sus gusanos que no se había dado cuenta de nada.

Podría haber sido un asesino, pensó entonces, angustiada.

Aunque… quizá lo estaba esperando. Aquel hombre tenía que ser el nuevo barón de Loganaich.

Quizá debería haber organizado una guardia de honor o una salva de cañonazos.

– ¿Es usted la jardinera? -le preguntó, mientras ella intentaba limpiarse la cara de barro.

– Sí, soy la jardinera -contestó Susie-. Y todo demás. Ama de llaves, cocinera y encargada del castillo de Loganaich. ¿Quién es usted?

Pero él estaba mirando hacia otro sitio, hacia una enorme bola dorada a un lado del jardín.

– ¿Qué es eso?

– Una calabaza -contestó ella, orgullosa-. Se llama Priscilla. ¿A que es estupenda?

– No me lo puedo creer.

– Pues será mejor que se lo crea. Es una Dills Atlantic gigante. Este año decidimos cultivar éstas en lugar de las Queensland Blues… nos hemos pasado siglos en Internet buscando algún sitio para comprar las semillas. Claro que no están tan sabrosas como las otras. En realidad, sólo sirven para dar de comer al ganado… pero, ¿qué más da?

– Ya, claro -murmuró él, confuso.

– El único problema es que necesitamos a cinco levantadores de peso para moverla. Nuestro mayor competidor también ha cultivado Dills esta temporada, pero no tiene tanta experiencia como nosotros. Este año el trofeo a la calabaza más grande de Dolphin Bay es nuestro, seguro.



11 из 86