– ¿Qué ha pasado?

– Han matado a un montón de ancianos. Espero que haya sido obra de un loco.

– ¿Por qué?

– Porque sería del todo inexplicable que el responsable fuese una persona normal.

– ¿No puedes decirme nada más? ¿Dónde estás?

– Ahora no tengo tiempo. Quería pedirte un favor. Necesito que llames a la agencia de viajes. La semana pasada hice la reserva para la isla de Leros. Si la anulo ahora, no perderé dinero.

– Claro, lo hago hoy mismo. ¿Corres tú algún peligro en el pueblo ese?

– Estoy rodeada de gente, no hay peligro. Tú ve y ocúpate de las señoras que tienes en los secadores, antes de que se les chamusque el cerebro.

– ¿Has olvidado que tenías cita conmigo mañana?

– Anúlalo también. Existe el riesgo inminente de que me salgan canas con este caso.

Se guardó el teléfono en el bolsillo y salió de la casa. Ya no podía postergarlo más. Los técnicos criminalistas y la forense la aguardaban.

– No pienso contaros nada. Tenéis que verlo con vuestros propios ojos. Empezaremos por el hombre que está fuera, en la nieve. Después revisaremos casa por casa. Ya me diréis si necesitáis más colaboradores. El escenario del crimen es enorme. Probablemente, el más grande de cuantos hayáis presenciado o vayáis a presenciar. Pese a que es tan atroz que apenas somos capaces de entender qué tenemos delante, hemos de intentar contemplarlo como una investigación de asesinato más.

Todos tenían alguna pregunta que hacer, pero Vivi Sundberg se mantuvo firme. Lo más importante era que lo viesen con sus propios ojos. Condujo a su séquito de casa en casa. Cuando llegaron a la tercera, Lönngren, que era el técnico criminalista de más edad, dijo que quería llamar enseguida para pedir refuerzos. En la cuarta casa, la forense anunció que también ella tenía que pedir refuerzos. Mientras ambos hacían sus llamadas se detuvo la procesión. Continuaron después, recorriendo el resto de las casas, y volvieron a reunirse en la carretera. Para entonces ya había llegado el primer periodista. Vivi Sundberg le dijo a Ytterström que procurase que nadie hablara con él. Ya lo haría ella cuando tuviese tiempo.



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