Todos los que se encontraban con ella en la carretera llena de nieve estaban pálidos y taciturnos. Ninguno era capaz de comprender el alcance de lo que acababan de ver.

– Veamos, la situación es la siguiente -comenzó Vivi Sundberg-. Toda nuestra experiencia y nuestra capacidad se verán sometidas a una serie de pruebas que jamás habríamos podido imaginar. Esta investigación dominará los medios, y no sólo en Suecia. Se nos exigirá que obtengamos resultados en un plazo de tiempo bastante breve. Lo único que podemos hacer es confiar en que el autor o los autores de esto hayan dejado alguna huella que nos lleve a detenerlos lo antes posible. Hemos de reunirnos y llamar a todo aquel cuya ayuda consideremos necesaria. El fiscal Robertsson está en camino. Quiero que lo vea todo personalmente y que entre a formar parte del equipo como jefe de la investigación previa. ¿Alguna pregunta? De lo contrario, empecemos a trabajar.

– Yo creo que sí tengo una pregunta -intervino Lönngren, un hombre menudo y de baja estatura.

Vivi Sundberg lo consideraba un técnico altamente cualificado. Sin embargo, tenía la desventaja de que, con bastante frecuencia, trabajaba con una lentitud exasperante para quienes aguardaban sus resultados.

– ¡Hazla!

– ¿Existe el riesgo de que el loco este, si es que se trata de un loco, vuelva a atacar?

– Existe ese riesgo, sí -confirmó Vivi Sundberg-. Puesto que no sabemos nada, hemos de partir de la base de que puede volver a ocurrir.

– Cundirá el pánico entre los pueblos vecinos -prosiguió Lönngren-. Por una vez en la vida me alegro de vivir en la ciudad.

El grupo se dispersó y, en ese mismo momento, llegó Sten Robertsson. El periodista que aguardaba al otro lado del cordón policial se le acercó en cuanto lo vio salir del coche.



25 из 510