En lo que a mí respecta, puedo decir que la diversidad de la sala de noticias de la redacción consiste en contratar «jugadores de equipo», dóciles como perros apaleados, pero lo suficientemente diferentes en el tono de la piel, apellidos o país de origen, como para negarles pequeñas tonterías, como un ascenso. Significa enviar al único negro de la redacción a Haití a cubrir «disturbios sociales», aunque haya una reportera blanca sentada a su lado que casualmente habla un perfecto haitiano criollo; también significa tachar a la antes mencionada de ingrata y vitriólica llorona si protesta. Ahora mismo no quiero hablar de eso. Oh, oh, tengo jaqueca.

Ahora mismo, ya, quiero cerveza. ¡Eh, eh!

Me está resultando algo más difícil coger el transporte público desde que hace poco el Gazette empapeló la ciudad con carteles donde se ve mi cara pecosa, mi oscuro pelo rizado y una gran sonrisa, enmarcada en la necia frase: «Lauren Fernández: Her casa is your casa. Boston». Lo hicieron, claro, cuando las estadísticas más recientes revelaron que ahora mismo los hispanos son «la mayor minoría» de la nación. Antes de que todos los periódicos publicaran ese oxímoron en portada, los principales medios de comunicación no daban una chalupa Chihuahua por ellos. No conseguía que Chuck Spring se interesara en ninguna historia de hispanos que me diera de comer. Ahora que los hispanos parecen ser un buen negocio, sólo quiere que escriba sobre ellos.

El dinero habla, verás. A los hispanos ya no se les ve como una sucia amenaza extranjera que invade las escuelas públicas con su grotesco idioma; ahora somos un mercado nacional. Un objetivo de mercado. De ahí lo mío. Mi columna. Y mis carteles. La avaricia hace que la gente cometa locuras. La mayor de todas fue que el departamento de promoción oscureció mi cara en las fotos para que me pareciera más a lo que imaginan debe ser una latina. Ya saben, morena. El primer día que aparecieron esos anuncios en la ruta 93 y en las estaciones del metro, las temerarias empezaron a llamarme. «Eh, cubana, ¿cuándo te nos has vuelto chicana?» Respuesta: cuando le ha convenido al Gazette.



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