– Bueno… Y ¿qué vais a hacer para encontrarlo? -pregunté, y odié la vacilación de mi voz.

– Ya lo estamos buscando. Hacemos todo lo que podemos -explicó Pam-. Quienquiera que lo tenga podría ir a por ti también. Por eso Eric envió a Bubba.

No pude responder. Pugnaba por mantener el control de mí misma.

Sam volvió, supongo que al ver lo alterada que me encontraba. Desde apenas unos escasos centímetros a mi espalda dijo:

– Alguien ha intentado raptar a Sookie cuando venía a trabajar esta noche. Bubba la ha salvado. El cuerpo está fuera, detrás del bar. Pensábamos moverlo cuando cerrásemos.

– Pues rápido -dijo Pam. Parecía incluso más molesta. Escrutó a Sam de arriba abajo y asintió. Era un ser tan sobrenatural como ella, la mejor alternativa después de la primera: que fuera otro vampiro-. Será mejor que vaya al coche a ver qué puedo encontrar.

Pam dio por sentado que dispondríamos nosotros del cuerpo, en lugar de recurrir a instancias más oficiales. Los vampiros no llevan muy bien eso de aceptar la autoridad de los agentes de la ley y la obligación ciudadana de llamar a la policía siempre que surja algún problema. Si bien no pueden unirse a las Fuerzas Armadas, sí que pueden meterse a polis, y disfrutan de lo lindo con ese trabajo. Sin embargo, los polis vampiros suelen ser considerados unos parias por el resto de no muertos.

Hubiera preferido pensar sólo en polis vampiros que en lo que Pam acababa de decirme.

– ¿Cuándo desapareció Bill? -preguntó Sam. Su voz era tranquila, pero se le intuía la rabia subyacente.

– Debía haberse presentado anoche -informó Pam. Alcé la cabeza de golpe. Eso no lo sabía. ¿Por qué no me diría Bill que volvía a casa?-. Iba a conducir hasta Bon Temps, llamarnos por teléfono a Fangtasia para que supiéramos que había vuelto, y reunirse con nosotros esta noche -era lo más parecido a parlotear que nunca haría un vampiro.



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