
Pam pulsó una serie de números en su móvil; pude escuchar los leves pitidos. Escuché su conversación con Eric. Tras relatarle los hechos, añadió:
– Está sentada aquí. No habla.
Me puso el teléfono en la mano y yo me lo acerqué automáticamente a la oreja.
– Sookie, ¿me escuchas? -sabía que Eric había oído el ruido de mi pelo contra el receptor, el sonido de mi respiración-. Sé que estás ahí. Escucha y haz lo que te diga. Por el momento no le cuentes a nadie lo que ha pasado. Actúa con normalidad. Vive tu vida como siempre lo haces. Uno de los nuestros te estará vigilando en todo momento, seas o no consciente de ello. Incluso de día hallaremos una forma de protegerte. Vengaremos a Bill y te protegeremos.
¿Vengar a Bill? Entonces Eric estaba convencido de que Bill había muerto.
– No sabía que debía haber vuelto anoche -dije, como si fuese el dato más importante del momento.
– El tenía… malas noticias para ti -me soltó Pam de repente.
Eric la escuchó e hizo un sonido de disgusto.
– Dile a Pam que cierre el pico -dijo, sonando abiertamente furioso por primera vez desde que lo conocía. No vi la necesidad de transmitir el mensaje, pues imaginé que Pam también había escuchado sus palabras. La mayoría de los vampiros tienen un oído muy agudo.
– Así que sabías que tenía malas noticias y que iba volver -dije. No sólo Bill había desaparecido y estaba probablemente muerto (muerto del todo), sino que me había mentido sobre dónde había ido y por qué, y se había guardado un importante secreto, algo que tenía que ver conmigo. El dolor se hizo tan profundo que apenas era capaz de sentir la herida. Pero sabía que más tarde sí la notaría.
Le devolví el teléfono a Pam y abandoné el bar.
Vacilé mientras entraba en mi coche. Tenía que quedarme en el Merlotte's para ayudar con el cuerpo. Sam no era vampiro y estaba metido en esto por mi culpa. No era justo para él.
