
– Nunca me habíais dicho esto antes -dije, exigiendo una explicación solapadamente-. Habéis dividido Estados Unidos en reinos, ¿es eso?
Pam y Chow miraron a Eric con cierta sorpresa, pero él no les prestó atención.
– Sí -dijo sin más-. Así ha sido desde que los vampiros llegaron a América. Por supuesto, a lo largo de los años los sistemas han ido cambiando a medida que aumentaba la población. Había muchos menos vampiros en Estados Unidos los primeros doscientos años, puesto que el viaje entrañaba mucho peligro. Era complicado realizar todo el viaje sin un buen suministro de sangre -que habría sido la tripulación del barco, por supuesto-. Y la compra de Luisiana supuso toda una diferencia.
Y tanto que sí. Ahogué otra andanada de risas histéricas.
– ¿Y los reinos se dividen en…?
– Zonas. Antes se llamaban feudos, hasta que decidimos que era un término de lo más anacrónico. Cada zona está a cargo de un sheriff. Como bien sabes, vivimos en la Zona Cinco del reino de Luisiana. Stan, a quien visitaste en Dallas, es el sheriff de la Zona Seis del reino de…, en Texas.
Me imaginé a Eric como el sheriff de Nottingham, y luego, cuando aquello perdió su gracia, como Wyatt Earp. No cabía duda de que estaba con el humor volátil. La verdad es que, físicamente, me sentía bastante mal. Me obligué a reprimir la reacción ante ese dato para centrarme en el problema inmediato.
– Entonces, raptaron a Bill durante el día, ¿acierto? -múltiples asentimientos-. Presenciaron el secuestro algunos humanos que residen en el reino de Misisipi -me encantaba decirlo-, que según lo que me dices están bajo el control del rey vampiro local, ¿verdad?
– Russell Edgington. Sí, viven en su reino, pero algunos me darán información. A un precio.
– ¿El rey no permitirá que los interrogues?
– Aún no se lo hemos pedido. Puede que Bill fuera secuestrado por orden suya.
