
– Me has dicho que lo que te ocurrirá si todo esto se destapa será bastante horrible -le recordé.
– Cierto.
– Me has dicho que necesitas que te haga este favor desesperadamente.
– Cierto.
– Eso es lo que pido a cambio.
– Serías una vampira estupenda, Sookie -concluyó Eric-. Está bien. Hecho. Si algo te pasara, ella no volverá a tirarse a Bill.
– Oh, no es sólo eso.
– ¿No? -Eric parecía muy escéptico.
– Es porque ella lo traicionó.
Los duros ojos azules de Eric se encontraron con los míos.
– Dime una cosa, Sookie: ¿me pedirías esto si ella fuese humana? -su boca de finos labios, casi siempre en una mueca divertida, dibujaba ahora una recta línea de seriedad.
– Si fuese humana, me encargaría de ella personalmente -dije, y me levanté para indicarle la puerta.
Cuando Eric se marchó en su coche, apoyé la cara contra la madera de la puerta. ¿De veras pretendía decirle lo que le había dicho? Durante mucho tiempo me había preguntado si era una persona civilizada. Durante mucho tiempo había luchado por serlo. Sabía que en el momento en que dije que me habría encargado de Lorena personalmente, hablaba en serio. Había algo salvaje en mi interior, y siempre lo había controlado. Mi abuela no me había criado para ser una asesina.
Mientras recorría el pasillo de camino a mi habitación, me di cuenta de que mi temperamento había venido aflorando cada vez más en los últimos tiempos. Justo desde que entré en contacto con los vampiros.
Podía imaginarme el motivo. Ellos ejercían un tremendo control sobre sí mismos. ¿Por qué no iban a hacerlo sobre mí?
Pero ya había tenido suficiente introspección para una noche.
Seguiría pensando en ello mañana.
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