Dado que parecía que iba a salir de la ciudad, había que hacer la colada y tirar cosas de la nevera. No tenía mucho sueño después de pasarme tanto tiempo en la cama durante el día y la noche anteriores, así que saqué la maleta y metí algo de ropa en la lavadora que tenía en el helado porche trasero. Ya no me apetecía pensar sobre mi carácter. Tenía un montón de cosas sobre las que meditar.

Eric había optado por una aproximación sin contemplaciones para doblegarme a su voluntad. Me había bombardeado con un buen número de razones para que hiciera lo que él quería: intimidación, amenaza, seducción, una llamada al regreso de Bill y otra a su vida y bienestar (el de Bill, y el de Pam, y el de Chow), por no hablar de mi propia salud. «Puede que tenga que torturarte, pero quiero acostarme contigo; necesito a Bill, pero estoy furioso con él porque me ha engañado; tengo que mantener la paz con Russell Edgington, pero tengo que quitarle a Bill de las manos; Bill es mi siervo, pero trabaja en secreto para mi jefa.»

Malditos vampiros. Ahora podéis comprender por qué me alegro de que su seducción no funcione conmigo. Es una de las pocas cosas positivas de mi capacidad para leer la mente. Por desgracia, los humanos con dones psíquicos son muy atractivos para los no muertos.

Jamás habría previsto esto cuando empecé a salir con Bill. El se había vuelto para mí tan indispensable como el aire; y no sólo por los profundos sentimientos que albergaba hacia él, o el placer que me producía hacer el amor con él. Bill era el único seguro que impedía que otro vampiro se apropiase de mí por encima de mi voluntad.

Después de haber puesto la lavadora un par de veces y de doblar la ropa, me sentí mucho más relajada. Casi había terminado de hacer la maleta, y metí un par de novelas románticas y una de misterio por si tenía algo de tiempo para leer. Soy una autodidacta de los libros de género.

Me estiré y bostecé. Había cierta paz mental en tener un plan, y mi sueño inquieto del último día y la última noche no me habían repuesto todo lo que yo habría querido. Corría el riesgo de quedarme dormida con facilidad.



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