Era lo que menos me esperaba cuando Eric me dijo que alguien que le debía un favor sería mi billete de entrada al mundo de los vampiros de Misisipi. Mientras miraba al frío mundo que había al otro lado de la ventana de la cocina, me di cuenta de que así había visto yo mi futuro, las pocas veces que me había permitido imaginar cómo sería compartir mi casa con un hombre.

Así debía ser la vida para la gente normal. Por la mañana, hora de levantarse e ir a trabajar, hora de que la mujer le haga el desayuno al hombre si éste tenía que salir a ganarse el pan. Ese hombre, grande y áspero, estaba comiendo comida de verdad. A buen seguro tenía también una camioneta aparcada delante de mi casa.

Era un licántropo, sí, pero los licántropos podían vivir una vida mucho más parecida a la humana que los vampiros.

Por otra parte, podría llenarse un libro con todo lo que yo no sabía sobre los hombres lobo.

Terminó, enjuagó su plato en el fregadero., y se lavó y secó las manos mientras yo limpiaba la mesa. Todo fue tan fluido como si lo hubiéramos coreografiado con anterioridad. Desapareció en el cuarto de baño durante un minuto, mientras yo repasaba mi lista mental de cosas pendientes antes de salir. Tenía que hablar con Sam, eso era lo principal. Había llamado a mi hermano la noche anterior para decirle que pasaría unos días fuera. Liz estaba en casa de Jason, por lo que él no había pensado mucho en mi marcha. Estaba dispuesto a recogerme el correo y el papeleo.

Alcide se sentó en la silla frente a mí, al otro lado de la mesa. Yo pensaba sobre cómo abordar verbalmente nuestra común tarea; trataba de prevenir momentos bochornosos. Podía ofenderle con cualquier cosa. Quizá le preocupase lo mismo que a mí. No puedo leer la mente de los cambiantes o los licántropos de forma fiable; son criaturas sobrenaturales. Puedo interpretar con cierta precisión sus estados de ánimo y entresacar alguna idea clara de vez en cuando.



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