
Tuve que sonreír.
– No. ¿Nunca has oído mi nombre?
– ¿Eres famosa?
– Supongo que no -me alegré de que no supiera nada de mí-. Creo que dejaré que me vayas descubriendo.
– Siempre que no te conviertas en una serpiente… -se levantó-. No eres un tío, ¿verdad? -ese último pensamiento hizo que abriera mucho los ojos.
– No, Alcide. Soy una mujer -traté de decirlo con naturalidad, pero me costó un poco.
– Estaba dispuesto a apostar por ello -me sonrió-. Si no eres ningún tipo de supermujer, ¿qué harás cuando sepas dónde está tu hombre?
– Llamaré a Eric, el… -de repente me di cuenta de que contar los secretos de un vampiro quizá no sería buena idea-. Eric es el jefe de Bill. El decidirá lo que hacer a continuación.
Alcide parecía escéptico.
– No me fío de Eric. No confío en ninguno de ellos. Lo más seguro es que te traicione.
– ¿Cómo?
– Quizá use a tu hombre como cebo. Quizá exija una retribución, dado que tienen a uno de los suyos cautivo. Podría usar su secuestro como una excusa para ir a la guerra, en cuyo caso a tu hombre lo ejecutarán antes de que puedas pestañear.
No había llegado a pensar eso.
– Bill sabe cosas -dije-. Cosas importantes.
– Bien, quizá eso lo mantenga con vida -entonces reparó en mi cara, y la aflicción se contagió a la suya-. Eh, Sookie, lo siento. A veces no pienso antes de hablar. Lo recuperaremos, aunque me pone enfermo pensar que una mujer como tú pueda estar con un chupasangre.
Aquello dolió, pero, sorprendentemente, resultó estimulante.
– Gracias, supongo -dije, tratando de sonreír-. Y ¿qué me dices de ti? ¿Tienes algún plan sobre cómo presentarme a los vampiros?
– Sí. Hay un club nocturno en Jackson, cerca del capitolio. Es exclusivo para sobrenaturales y sus parejas. Nada de turistas. A los vampiros no les sale a cuenta mantenerlo para ellos solos, pero, como el lugar les interesa, dejan que los de segunda, como nosotros, compartamos la diversión -sonrió. Tenía los dientes perfectos, blancos y afilados-. No sospecharán si me ven allí. Siempre me dejo caer cuando paso por Jackson. Tendrás que hacerte pasar por mi novia -parecía abochornado-. Ah, ya que pareces ir habitualmente en vaqueros, como yo, será mejor que te diga que en ese sitio les gusta que uno vista arreglado, en plan fiesta.
