
– Mira por dónde -dijo De Luca, sorprendido. Sonia levantó la barbilla, observándolo. Estaba muy guapa, con una boina negra ladeada sobre el cabello rubio, una capa gris sobre los hombros y una falda que le llegaba por debajo de las rodillas.
– ¿Está aquí para arrestarme? -preguntó.
– ¿Ha hecho algo malo? -dijo De Luca, y ella frunció los labios carmín en una mueca.
– Eso ya lo ha dicho. Qué aburrido es usted…
Se acercó con paso vacilante y a De Luca le empezó a circular la sangre más rápido. Sonia levantó una pierna y apoyó una rodilla en las de él, de través, luego se inclinó hacia delante y le acarició el rostro, con una mano pequeña y fría, mirándolo con los párpados entornados, indiferente, con la boca de carmín entreabierta y quieta.
– Yo siempre hago algo malo -dijo; empujó hacia delante la rodilla y lo tocó, de nuevo, haciendo que saltara otra vez, involuntariamente, hacia atrás. Luego sonrió, estirando apenas los labios, y se separó de él.
– Adiós, señor policía -le dijo, y dio unos pasos vacilantes sobre los tacones altos, pero se detuvo-. Esta mañana -añadió, echando la capa hacia atrás-, cuando salía, vi a la bruja esa de la madre de Littorio.
– ¿Cómo? -De Luca se levantó del sofá-. ¿Qué has dicho?
Sin embargo, ella ya había salido, estaba a punto de seguirla corriendo por las escaleras, cuando la morena menuda lo llamó desde la puerta de cristales:
– Ahora la señora puede recibirle. Pase, si lo desea…
La bruja no tenía aros en las orejas ni la mirada turbia. Tampoco era vieja. Llevaba un jersey negro, de cuello alto, y su rostro era extraño, peculiar, con los pómulos altos y los ojos oblicuos, ligeramente, de un color indefinido, verde, acaso marrón, pero nada más. El cabello pelirrojo le bajaba por la frente en largos mechones ondulados. Era difícil decir si era guapa. De Luca se lo preguntó mientras entraba en la estancia, un saloncito tan anónimo y elegante como la sala de espera. Ella lo miraba atenta, con los codos apuntalados en la superficie de la mesa, las manos una sobre la otra y la barbilla en las manos.
