– Creo que sí -declaró, apurándola de un solo trago.

– ¿Qué has dicho, Michael? -preguntó John, su audición excelente, como siempre, maldita sea.

Michael esbozó una sonrisa excelentemente fingida y levantó su vaso de whisky.

– Simplemente que tenía sed -dijo, manteniendo la imagen perfecta del vividor.

Estaban en la casa Kilmartin de Londres, que no en Kilmartin a secas (ni casa ni castillo) de Escocia, donde él y su primo se criaron, ni en la otra casa Kilmartin de Edimburgo. Por lo visto, no había ningún alma creativa entre sus antepasados, pensaba muchas veces; también había una casita de campo Kilmartin (si se puede llamar casita de campo a una mansión de 22 habitaciones), la mansión llamada Abadía Kilmartin y, lógicamente, la casa solariega Kilmartin. No sabía por qué nunca se le ocurrió a nadie poner su apellido a alguna de las residencias; «casa Stirling» tenía un sonido bastante respetable, en su opinión. Sólo podía suponer que los ambiciosos, y poco imaginativos, Stirling de antaño estaban tan enamorados de su recién adquirido título de condes que no se les pasó por la mente ponerle otro nombre a nada.

Emitió otro bufido dentro del vaso de whisky. Era curioso que no bebiera Té Kilmartin ni estuviera sentado en un sillón estilo Kilmartin. En realidad, era probable que sí existieran esas cosas si su abuela hubiera encontrado la manera de hacerlas sin involucrar a la familia en el comercio. La formalista anciana era tan quisquillosa y orgullosa que cualquiera habría creído que era una Stirling por nacimiento y no simplemente por matrimonio. Por lo que a ella se refería, la condesa de Kilmartin (ella) era tan importante como cualquier personaje encumbrado, y más de una vez sorbió por la nariz disgustada cuando le tocó entrar en el comedor para una cena detrás de una marquesa o duquesa que también habían adquirido sus títulos por matrimonio.

La Reina, pensó Michael, objetivamente; seguro que su abuela se habría arrodillado ante la reina, pero de ninguna manera se la podía imaginar siendo deferente con ninguna otra mujer.



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