
Harkon se inclinó aún más sobre Calum, con ojos hipnotizantes y expresión solemne.
– Puede que ésta sea mi última visita, Calum. No es que no quiera volver a verte, amigo mío, pero es posible que la próxima vez tú simplemente ya no estés aquí. Si mueres antes de que cerremos el trato…
Se acercó aún más, para seguir susurrando sobre la piel de Calum. Por un momento, éste creyó que el hombre lo besaría suavemente, tal como se besa a un niño enfermo. Se resistía a que aquellos labios le rozasen la piel. Pero únicamente las palabras de Harkon recorrieron como un aliento ardiente su arrugada mejilla.
– Una vez muerto, no podré ayudarte.
Una oleada abrasadora de dolor de huesos molidos y del nudo que tenía en el estómago ascendió desde su vientre podrido. Cuando el dolor remitió, todavía con la respiración entrecortada, miró fijamente los ojos oscuros de Harkon.
– ¿Qué quieres que haga?
Harkon sonrió.
– No mucho, amigo mío, no mucho.
Calum esperó a que las palabras se fueran desprendiendo de los labios de Harkon, esperó hasta escuchar cómo traicionaría a sus amigos, cómo destruiría a uno de ellos por completo. Ambos sabían que Konrad no sobreviviría en el cuerpo de Harkon. Él también sería eliminado. Calum lo sabía y, sin embargo, se dispuso a escuchar.
Sus ojos se posaron en el escritorio y en el cráneo, que parecía expectante. Sintió que les debía una disculpa a los huesos de su amigo por obligarlo a presenciar su caída. Había luchado por su país durante toda su vida, pero en su hora final le había sido ofrecido algo demasiado valioso para poder permitirse rechazarlo. Quería vivir. Y estaba dispuesto a pagar el precio, aunque éste consistiera en la sangre de otra persona. Incluso aunque algún día tuviera que pagar con su alma. Ahora se le antojaba un precio módico, a cambio de una segunda oportunidad.
Capítulo 2
Elaine Clairn se encontraba arrodillada frente al enorme hogar de la cocina. Los niños estaban apiñados al lado del fuego, pero la razón no era el frío, sino que no querían perderse el más mínimo movimiento de las manos de Elaine.
