Elaine sonrió.

– Gracias.

– La valentía siempre debe ser recompensada.

Jonathan lucía una amplia sonrisa.

– La virtud es su propia recompensa.

Teresa le dio una palmadita en la espalda.

– No te creas eso.

Konrad entró en la cocina, muy abrigado contra el frío.

– ¿Estamos listos para partir?

Teresa ayudó a Elaine a ponerse el pesado abrigo, y cubrió su melena rubio platino con la capucha.

– Salgamos en busca de Blaine y Thordin.

Elaine sintió que la sonrisa se esfumaba de su rostro.

– Hiciste todo lo que estaba en tu mano, Elaine. Les advertiste.

– Corrí hacia el fuego tan pronto como sentí su llamada.

– Estoy segura de ello.

Konrad se cargó sobre el abrigo una pequeña bolsa que contenía hierbas medicinales y vendajes.

Teresa enrolló una bufanda multicolor alrededor de su negra cabellera. Era muy parecida a la que llevaba Thordin. Elaine y Blaine habían aprendido a tejer el año anterior, y habían confeccionado prendas como regalo para todos.

La bufanda de Teresa era a rayas negras y rojas. Blaine había tejido la de Thordin con hilos de todos los colores que pudo encontrar; tal vez porque creía que el guerrero no se la pondría, pero éste la llevaba con orgullo. Así que la broma le había rebotado, por lo que Blaine tejió, a modo de disculpa, unos mitones a juego, pero con la misma combinación atroz de colores que la bufanda.

– Pongámonos en marcha -dijo Jonathan.

El gorro liso en su tono preferido de marrón era obra de Elaine. El gorro rojo escarlata que Blaine había tejido para Konrad había sido devorado por un monstruo, según afirmaba éste, ahora tocado con un gorro de piel adornado con una gruesa cola a rayas que se enrollaba alrededor del cuello.

Malah le tendió un pequeño paquete a Teresa.

– Aquí tenéis algo caliente para ellos. Una buena comida a veces es mejor que cualquier medicina.



17 из 285