Un verano cálido la trajo al pueblo. Aseguraba que en la ciudad durante el verano todo se volvía agitación y cansancio, que los pueblos sencillos la relajaban y la llenaban de paz.

Aunque llevaban algún tiempo sin comunicarse, Elena recordaba perfectamente su dirección. No la escribió. Le pidió al conductor de uno de los camiones que le permitiera subir al vehículo y que una vez en la ciudad le llevara a la dirección donde ella mandaba las cartas.

2

Cuando Tristana la vio llegar no dio grandes muestra de extrañeza: Conocía el drama causado por el huracán en la zona donde el pueblo de Elena se ubicaba.

– Dios mío, cuánto me he acordado de ti -le dijo mientras la abrazaba y Elena lanzaba su dolor comprimido sobre el hombro de su amiga.

Cuando se hubieron sosegado comenzaron las explicaciones y las miserias que atenazaban la vida de la recién llegada.

– Necesitaré encontrar trabajo Tristana. Tú tienes una empresa. Quizás podrías proporcionarme un empleo.

Tristana la contemplaba compungida. El aspecto de su amiga no era demasiado estético, no obstante a pesar de todo continuaba siendo muy bella y atractiva.

– Preciso encontrar trabajo -insistió Elena. -¿Podrás ayudarme?

Tristana asintió con la cabeza:

– ¿Cuántos años tienes? -preguntó.

– Dieciocho.

– Perfecto -dijo- la mayoría de edad es imprescindible para el trabajo que puedo conseguirte -y tras una breve pausa, añadió- eres bonita, inteligente y sabes expresarte. El resto corre de mi cuenta. -Y tras un ligero silencio, añadió-, de momento puedes hospedarte en mi casa, pero si todo funciona como yo imagino, pronto podrás instalarte por tu cuenta ¿Traes equipaje?

– Un cuadro pequeño y algo de dinero.

– No importa: yo me encargaré de equiparte. Todo saldrá bien. No te preocupes.



6 из 46