
Y en este incierto zigzagueo uno camina y camina sin saber dónde va. Nadie lo sabe… nadie puede saberlo… hoy nadie puede saberlo porque ahora las sombras son cerradas y sólo presentimos que allá a lo lejos acaso el túnel tiene una boca que se abre hacia una aurora posible. Creo que estamos pasando por los días más dolorosos de la historia. A pesar de tantas luces, de tantos inventos y de tantos velos como se rompen, nunca hemos andado más a ciegas… Déjame. Después de tantos días de silencio y de tinieblas, hoy tengo ganas de hablar y de escribir. Esto me alegra, me dice que acaso no estoy tan muerto como creía. Podría decirle estas cosas a otros amigos más letrados que tú, pero tal vez esté mejor que te las diga a ti… Tú has sufrido mucho también. La vida ha sido amarga para ti… con la amargura de los contrastes violentos. Contigo fue generosa y cruel. La vida es así: le gustan los contrastes y el sarcasmo. Y siempre es un juego inesperado de luces y de sombras. Recuerda esto: Frecuentemente el amor no hace su nido en la Belleza. Lo cual es una gran tragedia para la hermosura, tragedia que tú conoces muy bien, lo sé… Siempre al final has tenido que quedarte a solas con tu belleza. Y no por culpa tuya… No insisto. Y no cabe discutir ni aconsejar. La vida es así: monstruosa y sarcástica, sin sentido aparente, y hay que agarrarse a ella tal como es… llorando, rezando o blasfemando… mordiéndola… Desgarrándola para encontrarle su secreto.
Te quiere y está contigo siempre tu tío
Adolfo Méx. Agosto, 24, 1952.
Raro consorcio el de la virtud y la hermosura, le decía Adolfo Anglés a África. Y: Tú has sufrido mucho también; la vida ha sido amarga para ti porque frecuentemente el amor no hace su nido en la belleza. En tu caso, nunca, parecía añadir. En tu caso, nunca.
¡Pobre África!
Me parecía que esta carta revelaba más trágicamente que ninguno de mis intensos recuerdos el verdadero drama de toda su existencia: África había pasado por la vida siendo hermosa como pocas y a cambio había sido privada de todo lo demás, sin gustar ninguno de los momentos de pasión, de amor, de felicidad que después se atesoran cuidadosamente y se disfrutan al final.