
A varias yardas de distancia, Brandt se regaló la vista con ella a través del espeso follaje. Ella era todo y más de lo que había esperado. No era alta, pero no había esperado que lo fuera. Su cuerpo era curvo, con pechos lozanos y buenas caderas, cintura pequeña y piernas fuertes. Su pelo era espeso y lujurioso, una riqueza de seda roja dorada. Sus pestañas eran rojizas, sus ojos tan verdes como las hojas de los árboles. Su boca era una tentación pecaminosa.
Hacía un calor opresivo y ella sudaba, una mancha oscura en el frente de su camisa moldeaba sus pechos altos, firmes. Había una línea húmeda en la parte de atrás, llamando la atención sobre la curva de su espalda, de sus caderas. Sus vaqueros caían flojos sobre sus caderas, exponiendo una extensión atractiva de piel y revelando un ombligo que encontró sumamente atractivo. Él tenía muchas ganas de capturarla justo ahí mismo, arrastrarla lejos de los otros hombres, y reclamar lo que le pertenecía. Le había tomado demasiado tiempo encontrarla y el Han Vol Dan
La lluvia comenzó a caer a grandes gotas, tratando de penetrar el follaje más pesado encima de ellos, aumentando la humedad. El aguacero bañó el bosque con colores iridiscentes como cuando el agua se mezcla con la luz para hacer prismas de tal modo que forma el arco iris. La mujer, su compañera, Maggie Odessa, orientó su boca hacia arriba con placer. No hubo ninguna queja, ningún chillido por el shock. Ella alzó sus manos por encima de su cabeza en un tributo silencioso, permitiendo al agua caer en torrentes sobre su cara. Estaba mojada. Las gotas corrieron por su cara, sus pestañas. Todo lo que Brandt podía pensar era que tenía que lamer cada gota. Probar su piel suave como pétalos con el agua vivificante corriendo por ella. De repente tuvo sed, su garganta seca. Su cuerpo se sintió pesado y doloroso, y un murmullo extraño comenzó en su cabeza.
