– Leí que hay rinocerontes y elefantes en este bosque. ¿Es cierto?

El hombre que se presentó como Joshua asintió bruscamente, alcanzó y cogió la mochila de su mano como si su peso los forzara a reducir la velocidad. Ella no protestó porque él no rompió el paso. Se movían rápido ahora.

– ¿Está seguro de saber adónde va? ¿Hay realmente un pequeño pueblo con gente? No quiero ser abandonada absolutamente sola sin nadie para ayudarme si me muerde una serpiente o algo.

¿Era aquella su voz? ¿Gutural? ¿Ronca? Eso no sonaba a ella.

– Sí, señorita, hay una ciudad y provisiones.

El tono de Conner fue cauto.

Una ola de inquietud la atravesó. Luchó por controlar su voz, dominarla.

– Seguramente hay otro modo de llegar allí sin ir a pie. ¿Cómo traen las provisiones?

– Mulas. Y no, para llegar a su casa y al pueblo, usted debe ir andando.

– ¿Siempre está tan oscuro el bosque? -Maggie insistió-. ¿Cómo se orientaban por el bosque? Había tantos árboles. Sándalo. Ébano y teca. Tantas clases diferentes. Había numerosos árboles frutales como cocoteros, mangos, plataneras y naranjos a lo largo del perímetro externo. Reconoció varios tipos de árboles, pero no podía decir lo que los hombres usaban para identificar el rastro. ¿Cómo podían contar a donde iban o como regresar? Estaba intrigada y un poco intimidada por su habilidad.

– La luz del sol tiene pocas oportunidades de penetrar a través de las gruesas ramas y hojas de encima -vino la respuesta. Ninguno redujo la marcha, ni siquiera la miraron.

Maggie no podía decir que no querían conversar. No era exactamente como si fueran rudos con ella, pero cuando se dirigía a ellos directamente estaban incómodos. Maggie se encogió de hombros cuidadosamente. No necesitaba conversación. Siempre se había sentido a gusto con su propia compañía, y había muchas cosas intrigantes en la selva. Vislumbró una serpiente tan cerca como el brazo de un hombre. Y tantos lagartos que perdió la cuenta. Debería haber sido inmensamente difícil notar a tales criaturas. Se camuflaban con el follaje y aún así de algún modo podía verlas. Casi como si la selva la estuviera cambiando de algún modo, mejorando su vista, su capacidad de oír y oler.



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