– Bien -le indicó que entrara en el despacho y que se sentara en la pequeña silla de plástico al otro lado del escritorio-. Siéntate. Te diré lo que sé y después puedes hablar con los otros médicos de Randi sobre su pronóstico -cuando alargó la mano hacia su bata, le dirigió una mirada famosa por lograr reducir hasta al más gallito de los internos. Quería que lo entendiera. Ya no era la niñita necesitada con la que había salido, a la que había seducido y dejado de lado-. Pero creo que deberíamos dejar algo claro. Como puedes ver, éste es mi despacho privado. Por lo general, la gente llama a la puerta y espera a que yo responda antes de entrar.

La mandíbula de Thorne se tensó.

– Tenía prisa. Pero… está bien. Lo recordaré la próxima vez.

«No, Thorne, no habrá una próxima vez».

– Vale.

– ¿Así que está en la UCI? -le preguntó.

– De momento está en reanimación -Nicole le contó por encima los detalles de la llegada de Randi al hospital, su estado y los procedimientos empleados. Thorne escuchaba con una expresión solemne y unos ojos grises que no se apartaron de su cara en ningún momento.

Cuando terminó, él le hizo unas preguntas rápidas, se soltó la corbata y dijo:

– Vamos.

– ¿A la UCI? ¿Los dos?

– Sí -él ya se había levantado.

Nicole se enfureció por un momento, estaba dispuesta a luchar hasta que vio una muestra de dolor en su mirada y una pizca de alguna otra emoción que se acercaba a la culpabilidad.

– Supongo que sí, que puedo acompañarte -accedió mirando al reloj. Iba retrasada, pero eso era algo habitual. Como lo era tratar con los familiares preocupados de un paciente-. Primero deja que me asegure de que ya ha salido de reanimación.



15 из 180