Hizo una breve llamada de teléfono, la informaron de que a Randi la habían trasladado y explicó que el hermano de la paciente y ella iban hacia allí. Durante el tiempo que duró la breve conversación, sintió el peso de la mirada de Thorne McCafferty sobre ella y se preguntó si él recordaría algo sobre la relación que había cambiado el curso de su vida… Probablemente no. Una vez que su impacto inicial por reconocerla se había pasado, volvía a ser el de siempre.

– Vale -dijo Nicole al colgar-. Matt y Slade ya han visto a Randi y a la enfermera de guardia no le ha hecho mucha gracia que haya una tercera visita, pero la he convencido.

– ¿Mis hermanos siguen aquí?

– No lo sé. Le han dicho a la enfermera que volverían, pero no le han dicho cuándo -se colocó la bata blanca y rodeó el escritorio. Él tuvo la caballerosidad de sujetarle la puerta y mientras recorrían los pasillos, se mantuvo a su paso, sus largas zancadas equivalían a dos de las de Nicole. Eso era un detalle que ella había olvidado, aunque lo cierto era que había intentado borrar todos los recuerdos que una vez había tenido de él.

Con treinta centímetros más que ella y una presencia intimidante y rotunda, Thorne caminaba con la misma actitud con la que se enfrentaba a la vida: con un propósito. Nicole se preguntó si alguna vez habría tenido un momento frívolo en su vida. Años antes, se había dado cuenta de que incluso esas horas robadas que había pasado con ella habían sido parte del plan que Thorne había tramado.

En el ascensor, Nicole esperó mientras una camilla que llevaba a una mujer mayor conectada a un goteo de suero salía al pasillo. Después, entró y las puertas se cerraron. Thorne y ella estaban solos. Por primera vez en años. Él, a su lado, estaba más tieso que el palo de una escoba y si se dio cuenta de la intimidad que aportaba el ascensor, no lo mostró. Rostro serio, hombros derechos y la mirada centrada en el panel que mostraba los números de los pisos.



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