
Nicole no podía recordar haberse sentido nunca tan incómoda.
El ascensor se detuvo en seco y mientras caminaban por los pasillos enmoquetados, Thorne finalmente rompió el silencio.
– Por teléfono, Slade me dijo algo sobre que Randi podría no superarlo.
– Siempre existe esa posibilidad cuando hay lesiones tan graves como las que tiene tu hermana -habían llegado a las puertas de la Unidad de Cuidados Intensivos y ella, recordándose que tenía que comportarse como una profesional en todo momento, alzó la cabeza para mirarlo a esos ojos color acero-. Pero es joven y fuerte y está recibiendo el mejor cuidado que podemos darle, así que no hay necesidad de mostrar vuestras preocupaciones delante de vuestra hermana. Es cierto que está en coma, pero no sabemos lo que oye o siente.
»Por favor, por su bien, guárdate tus preocupaciones y dudas -él pareció estar a punto de protestar y, movida por el instinto, Nicole se acercó y le tocó la mano. Sus dedos se toparon con una piel que era dura y sorprendentemente encallecida-. Estamos haciendo todo lo que podemos, Thorne -dijo, pensando que él se apartaría-. Tu hermana está luchando por su vida. Sé que quieres lo que sea mejor para ella, así que cuando estés a su lado, quiero que seas positivo, que le des fuerzas y apoyo, ¿vale?
Él asintió, pero con los labios ligeramente apretados. No estaba acostumbrado a recibir órdenes ni consejos… de nadie.
– ¿Tienes alguna pregunta?
– Sólo una.
– ¿Qué?
– Mi hermana es importante para mí, muy importante. Eso lo sabes. Así que quiero que me aseguren que está recibiendo el mejor cuidado médico que se pueda pagar. Eso significa el mejor hospital, el mejor personal y, sobre todo, el mejor médico.
Al darse cuenta de que seguía dándole la mano, la soltó y sintió cómo la invadía una sensación de decepción. No era la primera vez que su aptitud había sido cuestionada y seguro que no sería la última, pero por alguna razón se había esperado que Thorne McCafferty confiara en ella y en su dedicación.
