
Ahora, veintiséis años después, Thorne sentía vergüenza por esa hostilidad que había mostrado. Tenía trece años cuando su hermanastra había cometido la desfachatez de llegar a este mundo, con la cara colorada y llorando. Thorne se había mostrado terriblemente indignado al pensar en su padre y en la joven con la que se había casado y engendrado a esa niña. Y peor todavía era el escándalo que había rodeado la fecha del nacimiento, apenas seis meses después de la segunda boda de J. Randall. Había resultado demasiado humillante pensar en ello y le había supuesto muchas burlas por parte de sus compañeros de clase que, después de haber tenido siempre envidia al nombre, a la riqueza y a la reputación de los McCafferty, le habían encontrado mucha gracia a la situación.
¡Vaya! Había pasado mucho tiempo y ahora allí, en esa sala del hospital con pacientes cuya vida pendía de un hilo y con su hermana conectada a máquinas que la ayudaran a sobrevivir, Thorne se sentía un estúpido. Toda la vergüenza que había sentido ante el nacimiento de Randi había desaparecido en el mismo momento en que había contemplado ese pequeño e inocente rostro.
Al mirar dentro de esa cuna cubierta de encaje en el dormitorio principal del rancho, Thorne se había preparado para odiar al bebé. Después de todo, durante cinco o seis meses ella había sido la fuente de toda su furia y humillación. Pero al instante había quedado atrapado por la pequeña de cabello oscuro y ojos brillantes que no dejaba de agitar los puños. Parecía no querer estar allí, tanto como él había sentido que ella había perturbado su vida. La niña había llorado y montado un jaleo impresionante y el sonido que había salido de su diminuta laringe, como el de un puma herido, le había atravesado el corazón.
Él había ocultado sus sentimientos, se había reservado la fascinación que sentía por el bebé y se había asegurado de que nadie, y mucho menos sus hermanos y su padre, se enteraran de lo que sentía en realidad por la niña, de que lo había engatusado desde los primeros momentos de su vida.
